lunes, 15 de noviembre de 2010

Lo que nadie sabe: Los vikingos también confabulan


1. ¿Hasta dónde puede el Estado involucrarse en la vida de sus ciudadanos? Con pretextos reales y no tan ciertos, la presencia estatal ha llegado en muchos lugares a niveles muy próximos a los planteados por George Orwell en la ya mítica novela 1984. Y sobre eso, poco más ó menos, gira la cinta danesa de Søren Kragh-Jacobsen (Skagerrak, Mifune sidste sang, Øen i fuglegaden, Drengene Fra Sankt Petri, Guldregn).
2.  Adaptación de la novela En Anden Tid (2001) de Søren Lassen, el guión es de Rasmus Heisterberg y del propio realizador. Lo primero que vemos es a un joven Thomas marihuaneado, acompañado por su novia, Liv. Luego, con la aclaración que estamos en 1988, la discusión en una cabaña: Liv (Mette Gregersen), Amelie y otra mujer argumentan sobre unos documentos confidenciales. Más tarde la cabaña aparece incendiada y Amelie, en su intento por rescatar a Liv, sufre quemaduras en el rostro.
3. Puestos ya en tiempo “actual” -2008, año del estreno del filme–, Thomas Deleuran (Anders W. Berthelsen) está dedicándose a su oficio de animar celebraciones infantiles, pero lo hace en el colegio de su hija adolescente, Bea (Sarah Juel Werner). Con ella van a una cena familiar en casa de la abuela, Ingrid Deleuran (Ghita Nørby), donde Marianne (Marie Louise Wille) notifica su separación con Thomas y su hermana Charlotte (Sonja Richter) le cita en un balneario para la noche siguiente en Suecia. Debe contarle algo acerca de su padre, Marc Deleuran, fallecido años ha y ex agente de la agencia de inteligencia danesa.
4. Thomas nunca logra reunirse con su asesinada hermana, pero conoce a Úrsula Matsocro (Maria Bonnevie), quien estaba con ella cuando falleció. Al revisar las cosas de Charlotte, el animador infantil se da cuenta que su padre andaba en algo raro, ligado con armas biológicas, y que su hermana lo estaba por adivinar. Contacta al amigo de su padre Niels Lange-Erichsen (Henning Jensen), quien está próximo a ser el capo de toda la inteligencia y espionaje estatal, y poco a poco Thomas va enredándose en un complejo entramado. La búsqueda le llevará incluso a encontrar a Amelie (Sarah Boberg), quien por años trata de poner distancias con su pasado.
5. Situados ahí, nos hacemos partícipes de un thriller con todos los elementos del género que, además y como se dijo de inicio, juega con algunos aspectos que son referentes para todos quienes viven en ciudades grandes. Por ejemplo, con el pretexto de incentivar la seguridad a los habitantes de Dinamarca, la oficina de Lange-Erichsen está lista para controlar y monitorear todo lo que se hace, lo cual incluye no sólo las cámaras por todos lados en las calles y sitios públicos, sino asimismo la intervención de cuentas privadas, líneas telefónicas, viviendas y cuanto el jefe y sus acólitos puedan considerar riesgoso.
6. La brega de Thomas pondrá en riesgo a su hija y le hará confrontar, de la manera más dura, con el pasado de sus padres. Quizás el desenlace sea lo más flojo, porque se racionaliza entre lo que se tiene y puede perderse, optándose por una salida que de seguro no contentará a más de uno en el respetable. La imagen paterna se resquebraja; la complicidad materna aflora y el indeciso protagonista deberá tomar una determinación para salir del embrollo en que se ha metido.
7. Pero volvamos a la tesis inicial. Cuántas veces demandamos o exigimos que el estado, sea representado por la Policía, los municipios o gobernaturías, siente más presencia en las calles para brindar mayor seguridad a la ciudadanía. La cuestión también debiera inquirir cuánto permitirá esa misma ciudadanía que se le regule/quite/restrinja con tal de tener esa sensación de seguridad/control/orden. Libertades individuales y colectivas; un tema, sin querer, muy en boga estos días en nuestro país.

IMAGEN: GRUPO EUROPEO DE CULTURA/INTERNET.


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